Mirko Lauer
(Perú, 1947)

 

IN CAELUM ET IN INFERNUM CANIS: SEXTINA AYACUCHANA

 

A  Javier Sologuren

 

Tiempo duro cincel
Tallando sus formas entre las lajas:
Un mercader o un soldado son las piedras.
Y los años se anidan en los arcos
Como el ángel se atasca entre las torres
Y el demonio se posa entre las casas.

 

He despertado,
y todos los perros - mansos y bravos una larga noche-
mordieron y pelearon bajo mi ventana;
y he sido amenazado con viajes a países lejanos
más allá del regreso y aún más allá
del lugar somnoliento donde aún volvemos la cabeza
he sido cruelmente despertado, he sido herido malamente con
palabras.
y aún en la vigilia no he podido saberlo:
¿Era sueño esa pelea, eran de mis sueños
el pulso inquietante de la distancia,
la voz de la incertidumbre, el ángel  de la neurosis y la desesperación?
¿O aquella gresca era un lío entre los hombres
y yo he perdido medio brazo en el campo de batalla?
He despertado
y visto rugosos y tensos a los ángeles y a los demonios,
de par en par abiertos cielo y purgatorio,
infierno de par en par con treintaitrés iglesias
limpias y deshabitadas.

 

Y solitariamente me he acercado a la ventana, medido mis opciones
/al milagro,
pero solo hay la centella naranja en que vivimos menos de cien años,
los tiempos demonios de la sangre,
(Han bebido demasiado
un vino muerte-en-vida  Isolé cosecha 1541,
y han salido a carajearse a las calles con su gorro de felpa,
han perdido las riendas
mientras el sacerdocio está quieto
escuchando el mensaje y tejiendo una manta para las alimañas:
hay un alacrán sobre la piedra, una sirena en el muro,
un santo-en-hornacina:
San Sebastián, San Carlos o San Ignacio de Loyola
y un torbellino de polvo asfixiante sobre la Plaza de Armas.)
Tiempos duros, casas
Hechas con golpe, látigo y cincel,
Desde el feroz tatuaje de las torres
Sobre el poroso blanco de las lajas
Hasta las dulces curvas de los arcos.
Y ya sin paz ni calma ni silencio,
Ni descanso son las piedras.
He soñado con una limpia escalera de piedra,
con los molles de Huanta y aún más atrás
el río Mantaro tiene la vida larga y fría como una espada de hielo,
y aún más atrás
había un carnero de tres desordenados cuernos subiendo y bajando
la limpia escalera de piedra;
yo he visto a los muertos que me hablan y agitan la noche con su griterío:
«Hemos construido muros, afilado esferas,
sacado punta a los muros, colgado las esferas,
tomado las piedras y una sobre otra con la clara de unos
huevos;
pero el mar estaba a muchos días de camino,
y tuvimos que emigrar con el tiempo
o morirnos con él
entre muros oblicuos y grandes esferas de piedra»
Y yo estoy despierto y he visto a unos perros matarse bajo mi ventana,
he tenido miedo y no he encontrado en mi fuerza el cerrado misterio
/de la calma,
he cerrado los ojos;
pero he de saber ciertamente si es sueño, si es imaginación,
o si en efecto algo se ha perdido entre los truhanes de la villa.
Tiempos  duros, piedras
Grabadas yacen entre las grandes casas
Mientras el diablo ondula entre los arcos
Como una sierpe. Y a cincel
Han sido aradas estas negras lajas.
                             Y un cuerno suena entre las altas torres,
y he sido amenazado
no sé si entre sueños o vivo
o si en esta casona bermeja que dice que no regresaré.
Pero he logrado acercarme a la ventana,
y he visto una mañana nueva y una calle desierta
con viento almacenado entre los muros, y en un jardín,
oculto,
junto a un querubín montado sobre un cisne sin cabeza,
he creído ver a alguien enamorando a un acólito, he creído ver,
he creído ver ...
Y entonces ábranse, dije
de par en par las puertas del averno,
en vano es volar tan alto entre los hilos de la noche,
en paz con el demonio hay dulce trigo flotando verde bajo los olivos,
y quiero ver ese fuego,
esa rama de molle incendiando la tarde con sus pepitas rojas.
Pues vano es volar entre las negras torres:
La muerte puede más entre las piedras,
El tiempo es la viruela de las lajas,
¡Ah! perder el tiempo entre las nobles casas,
Dejar la vida quieta, y a purísimo cincel
Soltar la mano entre los grandes arcos.
Para luego despertar y tener que secarme la risa de los ojos
(dicen que el sueño de un loco es alegre y festivo como los bailes de marzo).
oír una historia macabra sobre las afueras
(unos curtidores malignos
y 18000 perros sueltos cavando una tumba entre los huesos).
Y el diablo vive entre los muchos arcos:
Los mercaderes han construido torres.
Los artistas dejado su cincel
Junto a sus obras; y las muchas piedras
Serán por siempre adorno de las casas:
El diablo mora entre las bellas lajas
He soñado
con terribles noticias sobre los barcos hundidos y extrañas correrías
de hombres sin patria que murieron como perros entre las montañas
y el frío nocturno trajo unos cantos
monótonos avanzando como el viento entre los pastizales;
y no hubo lluvia por tres años,
y las cruces se doblaban hacia el suelo sobre las colinas
y yo estaba presente,
pero silencioso y parado frente a una ventana
con perros abajo saltando y mordiéndose los rostros y los corazones.
!Ay!
todo ha sido soñado y todo ha sido visto: las plazas
perfectamente irregulares,
las tejas unas sobre otras montadas como tortugas enmohecidas,
con pan de oro y granito
(no hay fantasmas ni gloriosos vestigios de martirio,
aquello que se siente ululando es el peso de la historia
cargando contra un templo de piedra reblandecida por el moho).
Y ángel con diablo lustran estas lajas,
Nobles querubines de flexionados arcos,
El íncubo y el súcubo en las casas,
Demonios lanzallamas en las torres,
Un virrey invertido entre las piedras,
Y a cincel
SERA DESHECHO  ESTE ANTIGUO REINO
Y  tengo que saber,
¿Han ladrado en la noche cien perros buscándose la muerte? 
¡Se acerca la violencia o la violencia ha sido?
tengo que saber,
para  mandar las cenizas de Enero volando hacia las puertas del infierno
y pedir mis disculpas,
o tímidamente acercarme a los míos y decirles al oído:
los perros han ladrado, la realidad y el sueño están por empezar.
Y  tengo que saber,

 

                                                       (De Ciudad de Lima, 1968).

 

DIEZ ESTROFAS DE HOMENAJE AL CINCUENTENARIO DE LA MUERTE DE CÉSAR VALLEJO (1988) Y AL AÑO DEL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO (1992)

 

Eslavo en relación a la palmera (C.V.)

 

¿Era el propósito decir algo que no pudiera dejar de hablar  sobre algo
que no se puede dejar de decir?  La fama llegada de España  con el frente popular
confunde al que no entiende, obligándolo a ir y venir
con el dedo pegado al palíndroma
de sus cinco sentidos. 

 

*

 

Cesa tu corazón agitador, cesa tu inteligencia agotadora,
suspende tu desconcertante lucidez, y deja descansar; por lo menos     
aquí en el recital.  Desamortaja la sábana de tu nacimiento,
y que la vaca ya no recaiga sobre el burrito, ni sobre el  río que cruza su Belén
de un par de brincos; como cuando eras unípedo, sublime.

 

*

 

Desamortaja, amortigua, modérate. Tus lectores y amigos  decimos basta ya
de colocar más de lo que hay, allí donde nada puede haber:
abre la mano que ensaya «Las Iluminaciones»; mano libre a   mis limitaciones.
Mis huesos me impiden inclinarme más ante la catedral de tu   talante,
de tu genio que solo la química podría combatir.

 

*

 

Y en consecuencia sospechoso, siempre sospechoso de algo más  de lo que hay,
de una timba en la que se intuye la mala tecnología,
el estar viviendo siempre la vida número dos.
Expulga esos ácaros que nadie sobreentiende
y déjame girar sobre la divina suavidad de dos continentes:
en la fábrica de automóviles Tatra acababan de cortar en dos  el aire,
y de crear el complejo manubrio‑curiosidad‑espina de  pescado,
para enfrentar la gravedad de la era contemporánea
que va encontrando cada vez mejor la vuelta de la esquina de   un verso cifrado,
allí donde pusiste allí donde lo pusiste, impidiéndote  rematar.
Me lo digo al administrar mi propio pedacito de tristeza
que espera al que es incauto con su humanidad, y por ello a patadas:
suelta tu mano-vate y que el ojo interrumpa la lectura,
y que partan los autos con el motor detrás.

 

*

 

Tatraplanos: acordeones en Bohemia. Oh descansa
de la blanca sombra de la Gurrionero: platillo a tu bombo a tu platillo,
con cerrazón de piloto a copiloto/tus dedos juegan con la punta de cada ala,
hasta que ya no sé lo que leo en páginas que transparentan revés:
la tinta de tu pluma en mi boca, efervescente, negra y verde: tóxica
como solo el bien puede regar esa toxicidad.

 

*

 

Quién te perdonará, me temo que nadie, como tú lo has querido,
con amor de sermón interminable: el tedio de las seis
al mediodía y moscas en la divina claridad, como punzadas de  artritis en la hombría.
Vamos, majo, por qué morir allí si Holanda te esperaba, por  ejemplo,
o los propios montes Tatra en el sur de la sierra de La  Libertad.

 

*

 

Oh la inmovilidad tiene tantos paraderos
y es enojosa, tiene ventanillas con vilo de paisaje: el tuyo será
por siempre la asamblea general, la legalidad frondosa
del dolor, cuatro en el piso y por el suelo el forro de 600  carteras de señora,
toda esa suavidad evaporada
bajo el rostro sobornable de una madre,
que toma tu codo tieso y te lo hipotenusa
con cuyes de Yanahuara y salchichas de Bratislava.

 

*

 

Este año del aniversario los investigadores encontraron tu  tesauro:
una bolsa de vísceras envuelta en la última vez que   golpeamos
después de que ya nos habían dicho que no golpeáramos, que   la próxima vez.

 

*

 

Te interrumpe siempre la dentadura aserrada de los montes.
Suplican que no te estés bizqueando hacia los tártaros
buscando respuestas en los labios
rugosos como siempre, lisos cual jamás:
«César Vallejo ha muerto. ¿Ah sí? ¡Qué vaina!»
Ya no jueves, sino domingo refractado a través de una  esquirla
que es el dedo de un niño en el agua
en la que ha jurado no mojarse ya más.

 

(De Trópical cantante, 2000)

 

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